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MALTEZ Y MI PUNTO DE VISTA
Cuando el Artista ha superado los cánones académicos y está consciente de los componentes que toda obra artística conlleva; cuando la principal finalidad del artista consiste en la elevación del pensamiento y del espíritu , escudriñando en el subconsciente de los motivos y elementos principales para la realización de la obra pictórica, cuando se está en pleno goce del eterno fermento que constituyen por sí mismas las obras maestras; y sobre todo, cuando conscientes de todas estas necesidades a nosotros mismos; es entonces cuando la obra pictórica alcanza consistencia y duración en el mundo de las experiencias.
En la obra pictórica de Armijo Maltéz, estas exigencias se cumplen a cabalidad. El Pintor rompiendo todo compromiso académico logra transmitirnos en forma sintética las inquietudes de su espíritu que lo identifican con su mundo interno y el ambiente que lo circunda.
Si analizamos su temática veremos que el campesino toma relevancia capital con sus costumbres, tradiciones y sufrimientos, logrando con todo identificarse con la propia realidad.
Es una pintura ausente de perfeccionismos, preciosismos o decorativismo, no reside mucho menos en la exactitud de un principio, tampoco se concibe racionalmente y es más bien de carácter subjetivo, porque su intuición le dicta que una excesiva sumisión a las academias, siempre establece límites a la atracción estética.
Cuando admiramos el dominio de su dibujo pareciera que el subconsciente le obligara a fusionar sus ideas que logra resolver a través de esas grandes líneas que enmarcan en sí mismas el sujeto, sin dejar por eso de formar parte del mismo.
Si bien el campesino “EL HOMBRE MISMO” es el centro de interés alrededor del cual se circunscriben sus inquietudes emocionales, esto tampoco lo identifica como Pintor Narrativo. Su principal preocupación consiste en aprovechar la realidad exterior para luego mejorarla transformándola de acuerdo a su reacción emotiva, valiéndose para ello de las dos dimensiones de la tela, donde los elementos o valores constituyentes de las formas, masas, tonos, color y superficie se fusionan entre sí formando una unidad de conjunto.
Asimismo apreciamos en Maltéz que cualquier parte del “hombre-mismo” puede ser utilizada para el desarrollo del sujeto. Esto lo comprobamos en el énfasis que da al estudio de las manos: “POR LAS MANOS SE CONOCEN LAS MANOS”, como dándonos a entender la relevante importancia de su función en el hombre, ya que a través de las manos y del pensamiento es capaz de lograr las más altas realizaciones; son manos callosas, sufridas e implorantes…..que al final serán las constructoras de un mundo mejor. En el sufrimiento que estas manos evocan se perciben un misterio espiritual, como si a través del dolor lograran tener un contacto más íntimo con nuestro Creador, inidentificable también a través de una plegaria, un rostro inclinado, una pose en meditación, un velorio, un entierro , una procesión o bien cualquier característica de la vida de nuestros Compatriotas.
Resumiendo:
El campesino y su mundo
Importancia de la línea
Síntesis expresiva del objeto
Armonía cromática
Ausencia de perspectiva lineal
Relevancia de las manos
Dominio del dibujo, etc.…etc.
Las anteriores cualidades inherentes a la obra de Maltéz, ligadas a sus emociones, nos hacen vivir y convivir nuestra propia e ineludible realidad. Es como si el sufrimiento de nuestro pueblo nos martillara permanentemente al oído un doloroso S.O.S. por el drama en que actualmente nos encontramos.
Aparte de todas estas apreciaciones, Maltéz está consciente que su carrera no ha terminado, pero sí sabe que a través de la perseverancia, la reflexión y la meditación podrá aleccionarnos a permanecer atentos y vigilantes en la búsqueda de valores de auténtica y eterna permanencia.
Benigno Gómez López
MALTEZ, UN PINTOR
En el panorama de la pintura hondureña de los últimos años, que ha visto aparecer nuevos nombre, estilos y temáticas Maltéz deja sentir la fuerza de su personalidad creadora, matizada por el descubrimiento temático, la búsqueda de la forma y la persecución de nuestra identidad.
El encuentro con lo cotidiano y la fascinación de tintes, reflexivos por los personajes, ambientes y mitos de nuestro propio medio forman aquí la trama esencial, el soporte sobre el que el pintor evoluciona en su pintura y en sí mismo. Volcada sobre su propio pasado, la pintura hondureña parecía no salir de ciertos moldes. Abierta, de pronto, a nuevos estilos y corrientes, colocada al vuelo en la rápida asimilación de muchos elementos contemporáneos, entró en una nueva etapa. Vuelta ahora sobre sí misma, descubre la madurez y encara la tarea de digerir el pasado y de expresar, a la altura de los tiempos actuales, nuevas señas de identidad.
Universo pictórico de dolor, recogimiento, amor y humildad, sus cuadros recogen el humanismo presente en muchos de nuestros pintores. Pero, jalonadas por el desamparo, la incertidumbre, el hambre y la desposesión total, estas figuras no son el simple traslape de lo que la realidad social ha puesto ya en el mundo de los hechos y fenómenos. Sugieren, más bien, el descubrimiento continuo y torturoso que el pintor hace de su mundo.
La dureza social y humana es entre vista o insinuada mediante un bien logrado equilibrio entre opacidad y transparencia. Esta pintura está lejos de querer presentarse como el “viejo espejo” de nuestro entorno; es en cambio, búsqueda recurrente y constante, acechanza interminable sobre una identidad nunca desentrañada, persecución de si misma.
Seguramente que esta fase de la pintura de Maltéz será el punto de partida para otras, como es ya la clave para entender su evolución anterior y hoy por hoy, nos coloca ante la madurez del pintor. Madurez que descansa sobre un reposado dominio de los elementos con que ha emprendido su búsqueda y que apunta hacia su propia definición de verdad artística, porque ésta como muy bien decía Schiller: “es algo que produce la fuerza imaginativa por sí misma y libremente”.
Roberto Castillo














Este artículo tiene un comentario
noviembre 12th, 2011
Definitivamente, personas como el pintor Maltez, nos hace sentir orgullosamente hondureños.
Bendiciones.